| | VUELVE GASPAR: Por Diego de Vicente
Se podría escribir tanto en tan poco espacio. Debo saber discernir entre razón y sinrazón. Equidad y justicia por encima de todo. Si tuviese que verbalizar todos mis sentires radiofónicos perdería la ubicación, y por extensión la propia razón, esa que me da cobijo y me asiste en los momentos de mayor ‘excitación' literaria, cuando los vientos del norte y del sur se dan cita en el ecuador del blanco e ilimitado folio. La galerna ha dejado de ser cantábrica. Lo siento por Paco Gento.
Pétreo y titánico esfuerzo el de evitar caer en la nostalgia, madre natural de la memoria y del recuerdo, los hermanos gemelos de la historia. Toca evitar, a cualquier precio, ser presa fácil del sentimentalismo más envolvente y lacrimógeno. Prometo intentar no dejarme seducir. No sé si lo lograré.
Acaba de romperse el cordón umbilical que te unía cosido al Real Madrid, el equipo que junto a ‘tu’ Sporting de Gijón te tenían y tienen apresado tu dañado corazón. El equipo astur forma parte integrante de tus lozanos y juveniles años; allí, en el corazón de los paisajes mineros se mezclaron los aromas de la sidra con los regates del ‘Piqui’ Ferrero y los goles del ‘Brujo’ Quini. También allá arriba se dejó tu padre la vida mientras ejercía esta soberana profesión de periodista. Él y tu hermano Manolo te mostraron sin tibieza alguna el camino a seguir, la vereda real por la cual has transitado la mayor parte de tu vida. No, no ha sido fácil, lo sé mi apreciado amigo. Desde la preeminente atalaya en la que te situaste hace ya tiempo se te ha intentado demoler, apartar, jubilar anticipadamente. Las mesas más alejadas de la dirección a veces no son las más oscuras ni las más olvidadas. No importa el espacio que se ocupa, si en cambio el que se abarca.
Lo del Real Madrid es otra cosa. Es pasión y visceralidad. Por partes. El Sporting fue tu primer amor, ese que siempre queda, que nunca se olvida, pero el equipo ‘merengue’ ha sido y es la razón de tu vida, tu Dulcinea cervantina, tu amante ideal. Siempre junto a ella, junto a la seductora nave blanca, has asistido a sus ‘partos’, a su crecimiento, a su mayoría de edad,...El cordón umbilical se ha roto, pero sólo el contractual; el otro, el sentimental, el vital irá contigo allá por donde tus pasos te lleven. ¿Verdad qué sí, compañero?
No te imagino alejado de los estudios, de los terrenos, de las cabinas, de las tertulias, de los avatares cotidianos que se gestan en las redacciones de cualquier radio. A ti no. Tu estela aún se mantiene vigente, todavía despiertas y levantas pasiones, sigues teniendo a tu público fiel, a esos que buscan el hueco y el momento para oírte y para dejarse seducir por tu pausada voz para contar y por tu caudal irrefrenable e imparable para narrar el penúltimo gol de Raúl González Blanco o las renovadas gestas de la ‘Roja’. De ‘tú’ ‘Roja’.
¡Vuelve, Gaspar! , no te eches a un lado del camino, no te bajes del tren en marcha. Da paso desde los estudios centrales a tus “compañeros”, a los ‘durmientes’, a los que no desfallecemos y seguimos erre que erre buscando acomodo en algún medio que crea en nosotros y nos permita llorar y reír mientras narramos a voz en grito un gol y seguimos “teniendo la facilidad de crear literatura sobre la marcha”.
Vuelve para alzar la voz cuando sea menester, regresa para encandilarnos con tus historias, con las de ayer y con la de hoy, toma asiento, mira a tu alrededor, respira, junta el guión del programa y repite aquello que tanto solías decir: “señores, a mi esta radio, que quieren que les diga, a mi esta radio me gusta”. Y esa radio edificó sueños, levantó edenes, formó y dio salida a grandes profesionales del periodismo deportivo, muchos de los cuales están en la actualidad en la primera línea, en las trincheras de la cotidianidad.
¡Vuelve, Gaspar!, nos lo debes. A todos aquellos que durante años te ‘seguimos’ a través de las ondas a costa de ser regañados por nuestros padres por abandonar durante un par de horas los estudios, a aquellos que te esperaron a la salida de un programa en una ciudad cualquiera y te dijeron que de mayores serían como tú, sólo y únicamente como tú, a aquellos que hemos tenido la enorme suerte de haber trabajado contigo y que seguimos soñando con retomar de nuevo aquellas conexiones tan enriquecedoras y formativas, a aquellos que todavía me siguen preguntado por ti y tus quehaceres mundanos...
No te imagino fuera de todo esto. A ti desde luego que no. Tú eres de los que permanecen eternos frente a un micrófono dando paso a los tuyos, a tu gente, a tu equipo, a tus nuevos delfines, a tus viejos lobos de mar, a los que crecieron contigo y a los que andan ansiosos y deseosos de estar bajo tu patronazgo, bajo tu profesional mecenazgo. Tú eres de una estirpe diferente, como los toreros eternos, los que jamás se cortan la coleta. Da la orden, mi ‘general’ y atraviesa junto a tus ‘legionarios’ el Rubicón de las ondas. La victoria está asegurada.
¡Vuelve, Gaspar!, si lo haces te doy mi palabra de que te narraré un gol como nunca antes lo he hecho, juntaré mi corazón y mi alma, me dejaré la vida si fuera menester para ‘cantarte’ a mi forma y a mi manera el gol imposible. ¿Me das paso, compañero?
Por DIEGO DE VICENTE FUENTE
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