Domingo Balmanya
(ex jugador del Barcelona y ex seleccionador español).
Maestro de jugadores y de entrenadores.
Domingo Balmanya Parera nació en Girona el 29 de diciembre de 1914 y triunfó en todas las facetas del fútbol: como jugador, pese a que su carrera fue cortada por la Guerra Civil Española, luego como entrenador e incluso como secretario técnico.
Tras iniciar su carrera en el Girona, Balmanya tuvo su etapa más brillante como futbolista en el F.C. Barcelona. Ya durante su primera temporada (1935-1936) fue el jugador que disputó más partidos. La Guerra Civil supuso, sin embargo, un parón en su carrera, al suspenderse la liga y aprovechar Balmanya una gira del Barcelona por México en 1937 para exiliarse en ese país y, posteriormente, en Francia.

Cuando acabó la guerra, Balmanya tuvo que cumplir una sanción antes de poder volver a alinearse con el Barcelona, en el que militó entre 1941 y 1944.
En su etapa como barcelonista ganó la Copa de España (1941-42) y el campeonato de Cataluña (1935-36), tras disputar 111 partidos y marcar 16 goles. El Sete francés, el Gimnástic de Tarragona y el Sant Andreu fueron otros equipos en los que jugó.
Tras colgar las botas, Balmanya inició en el Girona su etapa como entrenador. Pasó por el Zaragoza y el Oviedo, antes de recaer en el Barcelona. En su brillante historia personal, Domingo Balmanya es de los pocos que puede presumir de haber sido jugador y entrenador del Barcelona. Muy respetado en la entidad, llegó a gozar de un importante prestigio en el mundo del fútbol catalán. Entrenador de notable éxito, el presidente del Barcelona, Francesc Miró Sans, le eligió para sustituir a Platko en 1956. Balmanya se propuso liberar al juego del equipo de la dependencia que tenía de Kubala, pero los resultados no fueron como él esperaba. Subió de la cantera a jóvenes de la cantera como Olivella, Vergés, Gensana y Coll y fichó al guardameta Estrems como suplente de Ramallets. Cuando sólo se había disputado la mitad de la Liga el Barcelona ya no tenía opciones de conquistar el título, por lo que la Copa de España se presentó como la única opción de salvar la temporada. El triunfo en la final ante el Espanyol permitió a Balmanya aumentar su crédito y continuar en el banquillo. La campaña siguiente se repitió el fracaso en la Liga, a lo que se unió la derrota en las semifinales de Copa ante el Athletic. El triunfo en la primera edición de la Copa de Ferias palió esas dos decepciones, pero no fue suficiente para evitar la marcha de Domingo Balmanya. Cesó en 1958 tras dirigir al equipo en la disputa del partido de ida de dicha final ante la selección de Londres.
Su paso por el banquillo del Barcelona le convirtió en uno de los técnicos más prestigiosos del país y de ello se aprovechó años más tarde, cuando fue nombrado seleccionador nacional.

Como técnico, también entrenó al Sete francés, al Valencia, Betis, Málaga (ascendió el equipo a Primera) y Atlético de Madrid, con el que ganó la Liga 1965-66, acabando de paso con la hegemonía del Real Madrid.
Aquellos años fueron los más brillantes suyos en el banquillo, ya que pasó a ser seleccionador nacional entre 1966 y 1968 y llevó al combinado nacional a la Eurocopa de Inglaterra, en la que cayó eliminada en cuartos de final por la selección anfitriona. De nuevo el Zaragoza, Cádiz y Sant Andreu gozaron de su experiencia como entrenador. Posteriomente fue secretario técnico del Espanyol y el Barcelona.
Gran amante de la cantera y de la táctica, Domingo Balmanya marcó su estilo en todos los equipos a los que dirigió. En los últimos años fue director de la Escuela Territorial Catalana de Entrenadores de Fútbol compaginando ese trabajo con el de comentarista radiofónico en Antena 3 Radio y en la Cadena COPE donde impartía sus lecciones magistrales de fútbol.
Falleció el 14 de febrero del 2002 en un hospital de la Ciudad Condal a los 87 años de edad. Se le concedió la Medalla de Plata de la Real Orden del Mérito Deportivo a título póstumo.