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A MI PADRE Martes, 12 de Enero de 2010 - 09:20 GMT |
POR ALFRE
La semana pasada murió mi padre, tras 89 años plenos de trabajo, penas y alegrías, como corresponde a una generación que tuvo la desgracia de sufrir una guerra y una aún más dura posguerra, aunque creo que las satisfacciones que ha podido compartir con mi madre, mis hermanos y sus nietos han sido lo suficientemente numerosas como para hacerle olvidar los disgustos que, en una vida tan larga, inevitablemente suceden.
Mi padre era muy futbolero y su afición por este deporte nos la trasmitió a todos nosotros; podía ver un partido de baloncesto de vez en cuando, pero su pasión era el fútbol; podía tragarse cualquier partido que emitieran por la tele, aunque fuese entre equipos extranjeros, pero cuando más disfrutaba era cuando jugaba el Real Madrid o la Selección; "ya estás con las pelotas" le decía mi madre, y le mandaba "al corralito", la otra habitación con la tele pequeña, sobre todo si el partido era del Madrid e iba perdiendo, algo que una forofa como mi madre no puede soportar, más aún si el rival es el Barça: se apaga la tele y punto. Solía ver los partidos en silencio, aunque se le iluminaban los ojos cuando el encuentro eran de los de ida y vuelta, sin tregua ni centro del campo, siempre corriendo para atacar, para defender, para comerse al contrario: eso era fútbol y lo demás, lo de especular con el balón y los pases horizontales, era "jugar a la taba"; le ponía de mala leche que se jugase a la italiana, pero si era su Madrid el que lo hacía el cabreo podía ser mayúsculo.
Nunca tuve la oportunidad de ir al fútbol con mi padre; trabajador de la RENFE y único sueldo en una familia numerosa, lo de ir a un estadio era un lujo asiático hasta bien entrados los años setenta, aunque por aquellos tiempos mis padres preferían darse un homenaje yendo a ver alguna corrida de toros a Las Ventas, su otra gran afición. La única vez que vieron un partido en el campo fue cuando les regalé dos entradas para un Real Madrid- PSV Eindhoven, partido de vuelta de la Copa de Europa, creo recordar que a finales de los ochenta; con sus bocadillos y la bota de vino que llevaban a los toros, pasaron una de las mejores noches de su vida, ya que el Madrid tuvo el detalle de ganar aquel partido por 2 a 1 para que aquella jornada fuera perfecta.
Siempre me quedará la duda de saber cuál fue el partido de su vida, aunque conociéndole seguro que me diría sin dudar "conocer a tu madre"; si algún año la Selección gana un Mundial mi padre estará conmigo, en mi pensamiento, para decir los dos a la vez "por fin éstos no han jugado a la taba".
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