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Yo solo creo en los Reyes Magos
Lunes, 12 de Julio de 2010 - 11:38 GMT
Pluma invitada POR ALFRE

Se dice, con razón, que la patria de cada uno está en su infancia, a lo que añado que, por lógica, los Reyes Magos deben ser los que gobiernan esa patria del corazón. Cumplidos hace ya un rato los cuarenta, la frase que titula este artículo me acompaña en los buenos y en los malos momentos que se van sucediendo a lo largo de mi existencia, bien como un guiño cómplice cuando la vida "se nos brinda en cueros" en palabras de Serrat, bien como tabla de salvamento a la que asirme cuando la pena nos torpedea el alma. Cuando la semana pasada Reina o Casillas fantaseaban con la posibilidad de ser campeones del mundo ambos partían del mismo lugar, era algo con lo que soñaban desde niños, era un sueño siempre recurrente en sus carreras, era parte de su carta a los Reyes Magos.

Los siete partidos disputados durante el Mundial han tenido un denominador común, la angustia; una angustia sobrevenida no por la capacidad de los rivales para plantarnos cara, honestamente pienso que España siempre fue mejor que sus contrarios, con el autobús atrás empeñados en jugar al cero a cero y a ver si cazaban una contra, si no por la falta de puntería de nuestra selección, que de haber materializado una cuarta parte de sus ocasiones nos habría ahorrado una pasta en tranquilizantes. Vicente del Bosque ha demostrado la importancia del entrenador, acertando plenamente en los cambios realizados cuando no terminábamos de abrir la lata o cuando decidió rendirse a la evidencia y sacar a unTorres fuera de forma del once titular, único reproche que puede hacérsele. Respecto a los jugadores, sería injusto destacar a unos por encima de otros, "Niño" incluido: todos han tenido su momento de gloria particular, su aportación vital para la consecución del Campeonato, pero me alegro enormemente por aquellos por los que siento una debilidad especial: las paradas de Íker en la fase final, la asistencia de Fábregas en la prórroga contra Holanda, el gol de Iniesta que vale un Mundial; nadie mejor que Andrés para encarnar las virtudes de esta maravillosa generación de profesionales humildes, generosos y abnegados, respetuosos con el balón, con los rivales, con la esencia del buen fútbol. Igual que se habla de la Holanda del 74, de la Brasil del 82, no me cabe la menor duda que esta España de 2010 figurará por derecho propio no solo en las enciclopedias, también en el corazón y en la mente de todos los que amamos este deporte.

Durante estos días he podido leer en la prensa o escuchar a personas de mi entorno que no entendían la pasión que despierta este juego o el amor incondicional hacia estos "millonarios de pantalón corto" que ganan unos sueldos desorbitados por el simple hecho de dar patadas a un balón. Yo no puedo explicarlo, solo sé que desde que acabó la primera fase, cada vez que pasaba por mi cabeza la posibilidad de ganar este Mundial, de puntillas y obligándome a desvanecer inmediatamente ese pensamiento para no gafarlo, se me saltaban las lágrimas. Antes del partido de Cuartos decía que la estrella que lucirá la camiseta de España desde la noche de este 11 de julio representaba, aparte de un título, cosas, ilusiones, personas. En mi caso, esa estrella siempre será el bálsamo con el que aliviar alguno de los reveses que nos dé la vida; pondrá rostro a todas aquellas personas que han amado este deporte, que han gozado y sufrido a lo largo de todos estos años, sobre todo de esos seres queridos que solo han podido vivirlo a través de nuestros ojos; esa estrella será, convertido por fin en realidad, ese sueño que hemos tenido todos los niños que jugábamos al fútbol en el patio del colegio o en el parque, esa esperanza que nos pellizcaba el corazón escuchando la radio, esa ilusión de generaciones y generaciones de niños y no tan niños que, año tras año, plasmábamos en nuestra carta a los Reyes Magos.

Dicen algunos que los Reyes Magos no existen, que son los padres: ¡y una mierda!, cualquiera que tenga hijos estará conmigo en que nadie con un mínimo de corazón habría tachado, durante tanto tiempo, esa petición en la carta de cada año, ¿verdad, Papá? Yo solo creo en los Reyes Magos, y como este año me he portado bien os pido que me traigáis una camiseta de la selección con la estrella de Campeones del Mundo...

 


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