POR ALFRE
Lo acontecido en el partido del Austria de Viena contra el Athletic Club el pasado jueves sirvió para hacer un retrato en toda regla no solo a los responsables de la seguridad del campo vienés al permitir la entrada de los ultras con su arsenal de bengalas y pancartas neonazis, de los ¿antidisturbios? que llegaron tarde y se limitaron a formar de uno enfrente para contemplar el "espectáculo", sino también la escandalosa y más que grave actuación de la UEFA, que a través de su delegado debería haber ordenado la suspensión del encuentro; el árbitro, diga lo que diga el reglamento, al fin y al cabo es un mandado.
En la civilizada Europa como en cualquier otro sitio podemos encontrarnos con grupos de macarras, mal llamados ultras, que nada tienen que ver con el deporte, aunque empleen éste como escaparate: van a sus cosas, a armar bronca y, sobre todo, a dejarse ver. El peor servicio que nuestra sociedad puede hacer es brindarles a estos macarras la posibilidad de aparecer en las teles y en la prensa: los máximos dirigentes del fútbol, el deporte más afectado por esta lacra al ser el de mayor difusión, deberían ser los primeros en erradicar de una vez por todas a toda esta gentuza de los terrenos de juego, porque no estamos hablando de evitar "publicidad no deseada" por llamarlo suavemente, también de la seguridad y la integridad física del resto de los presentes en los estadio. ¿Nadie se acuerda de las víctimas mortales por el lanzamiento de bengalas, de las consecuencias de arrojar todo tipo de objetos al campo, de lo que puede provocar una invasión del terreno de juego por parte de estas bestias?
Señores de la UEFA, hay que tener dos dedos de frente y solo un poco de vergüenza para ordenar al árbitro la suspensión del encuentro. De poco sirve que al Austria de Viena ahora se le multe económicamente, se le cierre el campo y se le aparte de las competiciones continentales durante años si llega el caso. La única forma de acabar con esta invasión de un espacio que solo debe circunscribirse al ámbito deportivo es la contundencia, siempre, en cualquier partido, en cualquier campo. Si después de interrumpirse un partido más de cinco minutos por el lanzamiento de bengalas, más otros treinta por el lanzamiento de objetos y una invasión de campo por un grupo más o menos importante de macarras que han ido precisamente a eso, se obliga a continuar un encuentro como si no hubiera pasado nada (y quién era capaz de afirmar que no hubiera ocurrido algo tras la reanudación) definitivamente hemos perdido el norte, la dignidad, la decencia y la vergüenza. Exactamente la misma mostrada días atrás por estos dirigentes, con motivo de las manos de Henry, al afirmar, sin rubor alguno, que la introducción de medidas electrónicas traería como consecuencia que "la gente dejase de hablar de fútbol". Como diría Sabina, con un par.
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