Hace ya casi dieciocho años que Maradona inventó un regate más fuera del campo para justificar lo injustificable dentro del terreno de juego. La tristemente famosa “Mano de Dios” dio la vuelta al mundo envuelta en el ropaje de la idolatría y la servidumbre pagana hacia una trampa encarnada por el símbolo, por Maradona. Rendición ante el ídolo: la mano era ilegal pero, por el mero hecho de ser la de Diego, se convirtió en divina y la trampa pasó a ser habilidad, picardía o saber hacer, es decir, elogiable. A mi juicio, la trampa es trampa y el delito es delito independientemente de quien lo cometa. En el fútbol no se lleva esta historia de defender el juego limpio en contraposición a todos los que han alardeado o se han hecho ricos usando el juego sucio, es decir, la trampa constante. Quizá por ello, cuando vi las imágenes de Del Horno, Mista y Xisco intentando alterar el lugar desde el que debía lanzarse el penalti , comprendí que lo que prima en nuestro balompié es la trampa. Esto se llama alteración voluntaria del terreno de juego y la norma debe aplicarse sobre la base de conducta contraria al buen orden deportivo, es decir, amonestando con tarjeta amarilla a los dos jugadores y requiriendo al personal del campo para que repare el daño causado en el terreno. Porque el penalti sólo puede lanzarse desde ahí. La mano de Diego fue trampa, la actitud de Del Horno, Mixta y Cisco también y convendrá que se apliquen más en beneficio de la ley que en su contra. So pena de que se les llame, y con razón, tramposos, al margen de que se convierta o se falle el penalty. O todo trampa o todo ley.
Archivo Anual: 2003
Lotina merece más respeto
En el mundo del fútbol, la responsabilidad y la coherencia no se dan con frecuencia. Viendo el partido del Celta en San Siro, viendo el triunfo celeste, como hace un año vimos ganar al Deportivo en idénticas circunstancias, analizando la situación del equipo, poco habituado a atender a tantos frentes, uno tiene derecho a preguntarse qué sucede con Lotina. La respuesta se halla en los periódicos donde Horacio Gómez anuncia, una vez más, que el entrenador depende de los resultados, como si la afición no supiera que los resultados son siempre la excusa perfecta para cargarse a quien tu quieres sin dar mayores explicaciones. Los celestes estaban acostumbrados a jugar muy bien y a no ganar nada en los tiempos de Víctor Fernández. Ahora juegan de una manera menos bella pero más práctica. Y no parece descabellado pensar que los futbolistas se merecen un mayor margen de confianza cuando han estado trabajando muchos meses sin cobrar y el entrenador ha sido capaz de aunar el vestuario para que ese “pequeño detalle” no se apreciase. El equipo ha vivido inmerso en una problemática que desquicia, ha padecido un trato humillante y vejatorio por parte del consejo de administración, pero aún así, ha toreado en Europa y ha sufrido en España. Si la única solución para los presuntos males del Celta pasa por destituir a Lotina será indicativo de que Horacio Gómez y sus consejeros asesores áulicos, sus cortesanos síseñor, han perdido la cabeza y no encuentran en su imaginación una estulticia mayor. Los resultados del Celta, y por ello de Lotina, no pueden juzgarse el quince de diciembre sino al terminar la temporada. A lo mejor es que pedirle coherencia y responsabilidad a Horacio Gómez equivale a pedirle peras al olmo o prudencia a Jesús Gil. Da lo mismo. No hay problema porque, al fin y al cabo, paga el Celta. Como siempre, si es que al final paga.
La Selección debe ganar
Huele a fútbol de verdad, se percibe el ambiente de las grandes noches, nos llegan los aromas de una Valencia que hipnotiza, con un campo lleno y un equipo arropado por todos. Me recuerda la noche de los grandes partidos, las noches de las proezas de la Selección y rezo con todas mis fuerzas para que así sea, para que España, la nuestra, “la Roja” se clasifique para jugar la fase final de la Eurocopa. Nuestra ilusión pasa por dos partidos, el de ida para ganar con un margen necesario y el de vuelta para no perder. España es superior a Noruega y debe demostrarlo sobre la hierba. A mí, personalmente, me gustaría que jugarán Joaquín y Reyes porque son dos flechas por las bandas, que lo hiciera Valerón en la cabeza de rombo y que jugáramos con dos puntas. Ya sé que Sáez no piensa igual, que prefiere a Puyol de lateral izquierdo, que a mí no me gusta porque prefiero un lateral zurdo de verdad, y que pondrá dos medios centros por delante de los centrales. También es verdad que al que van a pedir responsabilidades será a él y no a mí. España debe meterse en Portugal-2004 porque lo contrario nos dejaría huérfanos por primera vez desde 1992, aquel año en el quefuimos campeones olímpicos. Valen las excusas de los partidos contra Grecia o Irlanda del Norte porque los futbolistas estaban al final de la temporada y acusaron el cansancio de siempre: el sábado no será disculpa válida. Hay que dar la cara y partirse el pecho, hay que poner a la Selección a la altura de las mejores de Europa y demostrar que no somos favoritos sobre el papel sino que hay un equipo que no miente y que responde a la mejor liga del mundo. España lo espera todo de la Nacional, los aficionados no entenderían una eliminación y los cañones del rencor y la venganza están cargados para apuntar directamente a Villar y poner su cabeza en el punto de mira. El triunfo ante Noruega supone la tranquilidad para el fútbol español. En todos los órdenes de la vida.
“Jabonaccio”

Dice el maestro Vituco Leirachá que no hay nada más triste que un domingo cuando tu equipo jugó el sábado y no ganó. No le falta razón, una vez más, al añadir que el último equipo que jugó en La Condomina fue el At.Madrid y ganó 1-3 sin apenas despeinarse. Viene a decirnos el bueno de Vituco que algunos hombres del fútbol se explican mal porque, de otro modo, Irureta no habría dicho, salvo por afecto a Peiró, las cosas que dijo. Un amigo que frecuenta el foro de www.gasparrosety.com habla del “jabonaccio” como una táctica triste, como una mentalidad defensiva, italianizante, destructiva y antiestética. Los números de los últimos años no le dan la razón a mi forero pero, en ocasiones, la imagen que causa el Deportivo no hace feliz a sus parroquianos. Esas son las tardes de domingo a las que el maestro Leirachá, con más cincuenta años de amor al blanquiazulismo coruñés, hace referencia. El Dépor juega como un bloque sólido, se estira en las dos direcciones con idéntica intensidad, defensa y ataque, y acredita una capacidad de esfuerzo y sacrificio digno de elogio. Jabo da una imagen pero sus resultados ofrecen otra bien distinta. El ha sufrido las inclemencias del sistema en carne propia y siempre ha sabido torearlas con agilidad y discreción. Cuando alguien se encabrita en el vestuario, Jabo sale con un par de tiritas para cortar la hemorragia. Ahora, su equipo olvida la liga y se enfunda el chándal de la Champions porque ahí le va la vida. No importa que el Madrid y el Valencia se hayan sobrepuesto en la clasificación porque el campeonato es largo. Jabo, con “jabonaccio” o sin él, ha dado buenos frutos y buenos títulos después de que Arsenio, el padre del Superdépor, inaugurase la colección con aquella Copa del Rey pasada por agua. La paciencia suele ser buena consejera y un par de resultados inesperados no pueden entristecer a una afición que sabe lo mucho que le ha costado estar entre los que habitualmente disfrutan. Nunca llovió que no escampara. Y seguro que mi forero entenderá que Irureta es un hombre de mérito en el Deportivo de hoy.
La esperanza no se pierde
En los tiempos que corren, ofrecer optimismo parece signo de estulticia y asumo que Sáez sea destrozado por todas las vías accesibles. No importa haber cogido un equipo que, en Asia-02, eliminó a Irlanda por penaltis y perdió con Corea y del que se jubilaron Nadal, Luis Enrique, Hierro y Mendieta, a los que valoro aunque no los eche de menos. Jaburu asumió el reto: organizar un nuevo equipo, incorporar jóvenes valores, reorganizar un sistema y de clasificar a España para Portugal-2004. Creo que no ha acertado en todo pero también sé que no lo ha hecho todo mal. Iñaki ha hecho mucho bien al fútbol español en las categorías inferiores y ofrecía esperanzas de ser un buen seleccionador absoluto. Debemos recordar que Francia quedó fuera del Mundial de Estados Unidos y que Alemania fue a la repesca contra Ucrania para estar en Corea. Nadie se rasgó las vestiduras: Alemania fue subcampeona del mundo en ese Mundial. Aquí, sin embargo, hay que matar. España nos ha roto la ilusión de clasificarse de forma directa, es verdad, y ahora nos queda esperar. El fracaso solo existe en la mente de quien lo conoce o lo desea. España puede perder porque solo pierden aquellos que juegan. Los entrenadores cumplen cada vez con un papel de menor relevancia y corresponde a los futbolistas, a esas megaestrellas interespaciales, sujetar el peso de la púrpura. Hay quien exige a Xabi Alonso, a Reyes, a Torres, ignorando quien los hizo internacionales. Otros pedimos a Valerón, a Raúl en su sitio, con Baraja o con otro… Sáez no es mi seleccionador ideal pero supo coger el toro por los cuernos y darle a los futbolistas una responsabilidad que éstos no han sabido afrontar con éxito en el tiempo pedido. Tienen prórroga. Salvo que haya que extraditar a Villar y a Padrón para justificar lo injustificable. El fútbol solo admite una lectura. Y yo prefiero hoy el positivismo racional porque la cabeza de Sáez estará madura cuando elimine a Noruega.
La competición
Me senté a ver el partido con la triste convicción de que, en cualquier momento, alguien cantaría el gol de Grecia. Era lo natural y sentí una cierta tristeza. Me acordé de Javier Clemente, al que tod España exigía que ganase el Mundial de Francia y contestó: “Algún día sabréis el mérito que tiene habernos clasificado para todas las fases finales”. Hay gente que nunca le dará la razón a Clemente, aunque la tenga, porque hay miedo a decir la verdad. Ahora, el malo de la película es Sáez. Bueno, en realidad, toda la lucha estratégica reside en disparar sobre Villar, bien en la diana de Juan Padrón o en la de Iñaki. Todo vale si se usa para desprestigiar. Nadie se detiene en la figura mágica de Valerón, en la compostura de Raúl, en la profundidad de Baraja, en la seguridad de Albelda o en el excelente momento de Iker y Salgado. En Zaragoza, contra Grecia, falló el equipo del mismo modo que lo hizo en Belfast contra Irlanda del Norte. La culpa de aquel punto sobre seis posibles fue de los futbolistas, como casi siempre sucede. No hubo falta de concentración ante rivales inferiores. Sencillamente, no se puede ganar siempre. Y aquí, donde nunca hemos ganado nada, exigimos ahora que se llegue a todas las fases finales y que, además, se gane. Olvidamos el carácter competicional del deporte y dejamos en la cuneta de la memoria que selecciones tan poderosas como Holanda o Inglaterra han faltado recientemente a importantes citas tras caer ante equipos modestos en las clasificaciones. Esta repesca encierra una cura de humildad para todos. Será bueno que reflexionemos acerca de quienes somos y, sobre todo, acerca de si estamos apoyando realmente a la Selección o sólo la usamos para vender más periódicos cuando gana y para darle patadas a Villar cuando pierde. Clemente tenía mucha razón hace cinco años pero no lo reconozcan jamás en público. Podrían tildarles de locos.
Un conjunto de errores
Lo último que podía esperar era algo con relación a un plante de los futbolistas del Celta ante una concentración para jugar su primer partido de la Champions League en Balaídos. Creí que el fútbol español ya había superado estas vicisitudes que nos retrotraen en el tiempo a las vetustas acampadas de los futbolistas frente a los locales de la Federación Española de Fútbol. La medida me sorprendió porque, entendida como arma de coacción, parece absurda como absurdo parece que la plantilla renuncie a unas primas que, a buen seguro, va a merecer. Tampoco comprendo la urgencia del plante para presionar al presidente cuando éste acaba de enterrar a su padre dos días antes. Podrían haber esperado una semana más, podrían haber negociado las primas del torneo europeo y podrían exigir el pago de las cantidades atrasadas. Porque tampoco parece razonable que un club de la liga profesional siga manteniendo deudas con los futbolistas, al margen de que correspondan a los contratos federativos, a los de imagen, a primas o a gratificaciones navideñas. El Celta no puede ser una empresa morosa con sus trabajadores porque eso solo indica que no está gestionada de la forma adecuada. Vivir exclusivamente de la televisión supone un riesgo ilimitado, vivir peligrosamente. Horacio Gómez lo sabe y sus ejecutivos también. No es bueno abrir demasiadas brechas a la vez porque puede entrar demasiada agua en poco tiempo y no hay tantas manos para tapar agujeros. Los jugadores, con toda la razón en el fondo de la cuestión, han cometido pequeños errores formales pero le han perdonado la vida al presidente. Una amenaza de huelga ante las competiciones y no ante las concentraciones, hubiera puesto a Horacio contra las cuerdas. O sea que, encima, agradecido. Porque, si eres un empresario serio, hay que pagar con puntualidad. Lo demás son excusas.
Vizcaíno Casas, profesional del dominó
Mitad valencianista, mitad madridista, fue corresponsal del “Deportes” de Valencia y cubrió las Copas de Europa de Kopa, Rial, Di Stéfano, Puskas y Gento. Ha sido un hombre de bien, de ideas claras y firmes, opinables como todas, humanista cristiano, enamorado de la vida y del trabajo, de sus amigos y de su familia, del fútbol y del balonmano a once. Sus cuatro millones de libros vendidos no ocultaron su verdadera vocación de profesional del dominó. Si ayer, al recibir sepultura en el bellísimo paraje de Navacerrada, hubiera visto a Gómez Angulo le hubiera exigido que lo elevase a la categoría de deporte olímpico. Olímpicas fueron sus partidas con Antonio Buero Vallejo, una de las plumas con las que aprendí a leer, y cuya viuda, Victoria, no faltó a la cita en la sierra de Madrid: “Ya estarán juntos jugando la partida”. Como la jugó muchas tardes en el Arcipreste con Buero y en La Nava Real con Jesús Prieto. Vizcaíno Casas fue abogado de la RFEF y cuando le preguntaron de qué equipo era, respondió con su contundencia habitual: “Del Madrid, como cualquier persona decente”. Tuvo que salir al paso Vicente Calderón para explicar que su amigo no había querido ofender a los que no fuesen del Madrid. Había que entenderlo y quererlo como era. Vizcaíno opinaba a su manera, con arreglo a su tiempo y a su inteligencia pero jamás impuso su punto de vista. Lo conocí y lo traté a través de su hijo Eduardo, mi buen amigo Eduardo, y aprendí a quererlo así, en un afecto de doble dirección, mientras él se preocupaba por escucharme en la radio y leerme en el Marca, porque Vizcaíno Casas desayunaba con el Marca, como media España. “Que vuelva Del Bosque”. Eduardo, su biógrafo, le decía “Papá, si el Madrid ha ganado 3-0”. Y la respuesta siempre era la misma: “Da igual, que vuelva Del Bosque”. Ahora, Buero Vallejo intentará ahorcarle el seis doble sobre una nube y Del Bosque y muchos más lo echaremos de menos con el corazón. Hemos perdido un lector, un amigo y, sobre todo, un hombre coherente pero hemos ganado su experiencia vital.
El Príncipe de Goles
Cuando comenzaron los rumores sobre el posible fichaje de David Beckham por el Real Madrid, me pareció una excelente noticia. Siempre me gustó Beckham por su manera de jugar al fútbol y lo que he podido ver desde que llegó a España hace que me agrade mucho más. David es una maravilla de la naturaleza cuando lleva un balón pegado a los pies, sabe pasar como nadie y ya lo ha demostrado en corto, de lejos, en horizontal, en largas diagonales o en pelotas paralelas a las bandas; guarda uno de los mejores tesoros en sus piernas cuando se trata de centrar sobre las áreas, de bombear o de lanzar centros tensos, con la seda de un guante si es con la derecha y por el interior o con la fuerza de un hierro siete si lo hace con la izquierda por el exterior. Sus ojos miran al gol, su fuerza reside en el pase de gol. Beckham encarna todos los valores que se precisan para triunfar en el madridismo, para llegar al corazón de los blancos. Además de sus cualidades innatas desde un prisma estrictamente técnico, de sus valiosas apariciones tácticas a la hora de pisar el área sin previo aviso, este rubio londinense pelea, lucha, trabaja y corre como el que más, defiende con ardor guerrero y se parte la cara en las ayudas a sus compañeros. No se le caen los anillos por cubrir la espalda de Michel Salgado o por acudir en defensa de Cucho, disfruta con su generosidad en los pases de gol y mira con admiración hacia las tribunas buscando el cariño que necesita recibir, equivalente en ocasiones a lo que David da. Se esfuerza como Makelele, la toca como Zidane y lo siente como Raúl. Beckham está entrando en el alma de los madridistas a base enseñar su mejor fútbol. Será a Florentino Pérez y a José Angel Sánchez a quienes le importe mucho si vende medio millón de camisetas o un millón con el 23 a la espalda. Al socio, al abonado, al seguidor, lo enloquecen la calidad y el esfuerzo de los grandes jugadores. Sus aspectos exteriores, su otra vida, no nos interesa. Solo verlo jugar para gozar. Para mí es una bendición del cielo.
